Dos mujeres tradicionalmente silenciadas por la historiografía cinematográfica —hasta el punto de que se les arrebató la autoría de sus obras— que han empezado a ser reconocidas y reivindicadas gracias a estudios feministas recientes sobre la aportación de las mujeres en la industria del cine (Women Film Pioneers Project). Ambas, además de dirigir, fundaron sus propias productoras: Cortesina Films y Star Film. En el caso de Rosario Pi, su productora impulsó algunas de las primeras películas sonoras del cine español, como el mediometraje ¡Yo quiero que me lleven a Hollywood! (1932), primera película de Edgar Neville; El hombre que se reía del amor (1932), dirigida por Benito Perojo; Odio (1933), de Richard Harlan; y Doce hombres y una mujer (1934), de Fernando Delgado.
Las dos sufrieron el exilio tras la Guerra Civil y la represión franquista. Helena Cortesina desarrolló su carrera como actriz de cine y, sobre todo, de teatro en Argentina; Rosario Pi se trasladó a Francia e Italia, donde trabajó como representante de la actriz María Mercader y colaboró en labores de producción en las primeras películas de Vittorio de Sica. El caso de Cortesina resulta especialmente significativo por su relevancia en el teatro de variedades español de los años veinte y por su trabajo en la compañía de Lola Membrives en Argentina, donde interpretó Bodas de Sangre bajo la dirección de Federico García Lorca.
Sus trayectorias reflejan el avance de los derechos y la importancia de las mujeres durante la Segunda República. Helena y Rosario encarnan un temprano empoderamiento artístico y empresarial que quedó relegado al ostracismo con el franquismo.
El documental plantea un recorrido biográfico por sus vidas y recrea una correspondencia ficticia surgida de un imaginario encuentro durante el rodaje de Doce hombres y una mujer, producida por Rosario Pi, cuyo escenógrafo, Manuel Fontanals, era compañero de Cortesina. A partir de ese hilo, las cartas evocan sus vivencias en el contexto de la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, mientras dos investigadoras, Ana e Ivana, indagan por qué fueron silenciadas por la historiografía oficial. El relato se apoya en especialistas y documentación audiovisual, subrayando el papel de las mujeres en la naciente industria y reivindicando sus trayectorias en el exilio, en Argentina e Italia.